Manuel Marcué Díaz, director de Juegos y Sorteos de Gobernación durante la administración anterior, autorizó concesiones de apuestas por internet a una empresa vinculada con la familia de Amílcar Olán Aparicio. Esta decisión se tomó un día antes de que el funcionario dejara su cargo, generando cuestionamientos sobre la gestión de contratos en la Secretaría de Gobernación. La operación involucra una conexión directa con Adán Augusto, cuyo entorno ha sido objeto de escrutinio por presuntas irregularidades administrativas en el sector de juegos y sorteos.
El documento revela que Marcué Díaz otorgó la autorización justo antes de su salida institucional. La empresa beneficiaria mantiene un vínculo familiar con Amílcar Olán Aparicio, quien es amigo cercano de Adán Augusto. Esta relación personal entre los involucrados es el eje central de la controversia, ya que sugiere la existencia de un circuito de favores o beneficios cruzados fuera de las vías formales de licitación.
El caso expone las dinámicas de poder que operaban en la alta función pública durante el período de gestión de Marcué. La cercanía entre el director del área y el círculo de confianza de Adán Augusto plantea dudas sobre la imparcialidad en la concesión de permisos tan sensibles como los de apuestas en línea. Se trata de un sector regulado que requiere estrictos controles para prevenir actividades ilícitas, lo cual parece haberse visto comprometido por estas conexiones personales.
La temporalidad de la firma, realizada en las últimas horas del mandato del funcionario, añade un elemento de urgencia y opacidad al procedimiento. No se detallan en el texto original las métricas económicas de la concesión ni los criterios técnicos que justificaron la elección de dicha empresa sobre otras competidoras. La falta de transparencia en esta etapa final del proceso administrativo es el punto clave de la denuncia periodística.
Este hallazgo subraya la necesidad de auditorías exhaustivas en la gestión de concesiones de juegos y sorteos en la administración saliente. La vinculación de altos funcionarios con redes de influencia personal representa un riesgo para la integridad institucional y la legalidad en la operación de mercados regulados. Las autoridades deberán determinar si este acto administrativo cumpliero con la normatividad vigente o si constituyó una falta grave que deba ser sancionada.

