Residentes de la colonia Margarita Morán Véliz, ubicada en la segunda sección de la reserva territorial Santa Bárbara en Xalapa, implementaron medidas de seguridad colectiva. Esta acción busca impedir la ejecución de una orden judicial de desalojo que afecta directamente a 191 hogares. La comunidad exige garantías de seguridad y el respeto a su derecho a la vivienda frente a la intervención legal.
Los habitantes de la zona establecieron un sistema de guardias de vigilancia permanente como mecanismo principal de defensa. Esta estrategia tiene como objetivo detener el cumplimiento inmediato de la resolución judicial que ordena la retirada de las familias del predio. La medida fue adoptada de manera organizada por los vecinos para garantizar la integridad física de los residentes mientras se desarrolla el conflicto.
La colonia se encuentra situada dentro de los límites de la reserva territorial Santa Bárbara, un área de particular sensibilidad ambiental y urbana en el municipio de Xalapa. La presencia de 191 familias en este sector ha generado una situación compleja que involucra aspectos legales, sociales y de derechos humanos. Los pobladores consideran que la orden de desalojo representa una amenaza directa a la estabilidad de sus hogares y a la cohesión de la comunidad.
La implementación de las vigias constantes refleja la determinación de los afectados de resistir la ejecución forzada de la sentencia. Los vecinos mantienen una presencia activa en el lugar para evitar cualquier intervención que no cuente con el debido proceso y la negociación previa. Esta postura busca crear un escenario donde las autoridades deban dialogar con la población antes de proceder con acciones coercitivas.
El conflicto expone las tensiones existentes entre el marco legal vigente y las condiciones de habitabilidad de las familias asentadas. Los residentes argumentan que la resolución judicial no ha considerado plenamente las consecuencias sociales de un desalojo masivo. La situación requiere de mediación para evitar un enfrentamiento directo y proteger a los 191 núcleos familiares involucrados en la disputa por el uso del suelo.
La comunidad mantiene su posición de resistencia pacífica mientras aguarda una respuesta institucional que resuelva el impasse. La continuidad de las guardias de vigilancia dependerá del avance en las negociaciones y de las decisiones que tomen las instancias correspondientes sobre el futuro del asentamiento. La atención a esta situación es prioritaria para prevenir posibles afectaciones mayores a la población civil.


