Repartidores de aplicaciones digitales enfrentan un nuevo riesgo laboral al ser víctimas de extorsión por parte de grupos delictivos. Jóvenes que se identifican como integrantes de la Unión Tepito obligan a los conductores a pagar sumas semanales para permitirles operar en sus zonas. Esta práctica afecta directamente la economía de los trabajadores de la última milla que buscan ingresos suplementarios.
Quienes se dedican a repartir comida o paquetes mediante plataformas digitales descubren que la libertad de movimiento tiene un costo elevado en ciertas regiones. En lugar de enfrentar solo la competencia o el tráfico, deben lidiar con la presencia constante de delincuencia organizada que busca monetizar el alto flujo de vehículos en las calles.
Los montos exigidos por los extorsionadores varían según la ubicación geográfica del repartidor. Las cifras indican que las cuotas obligatorias oscilan entre 700 y mil pesos por semana. Esta cantidad representa una parte significativa de los ingresos diarios de muchos trabajadores, especialmente aquellos que dependen exclusivamente de este rubro para sustentar a sus familias.
El mecanismo de coerción se basa en la intimidación y la amenaza de violencia. Los agresores, que suelen ser jóvenes, se presentan como miembros de la Unión Tepito o simulan serlo para generar un clima de miedo. El mensaje implícito es claro: sin el pago correspondiente, el repartidor no podrá «trabajar sin problemas» y podría sufrir consecuencias físicas o de daño a su equipo.
Esta dinámica ha normalizado la presencia de la delincuencia en el sector de la economía informal. Los conductores operan bajo la constante vigilancia de estos grupos, lo que limita su capacidad de denunciar los hechos ante las autoridades por temor a represalias. La situación evidencia la vulnerabilidad de los trabajadores ante la falta de protección efectiva en las zonas más conflictivas.
La exigencia de cuotas semanales demuestra cómo el narcomenudeo y la extorsión se han infiltrado en las nuevas formas de empleo urbano. El riesgo de ser repartidor ya no se limita a la seguridad vial, sino que incluye la supervivencia ante redes criminales que controlan territorios y exprimen a la población vulnerable.


