El analista político Luis Enrique Arreola Vidal asegura que el partido Morena abandonó el viejo método de selección de dirigentes y candidatos. Según su análisis, ahora se herran caballos en lugar de destapar corcholatas, creando un entorno de competencia interna. Esta transformación busca aparentar un proceso democrático aunque el resultado final esté definido de antemano por la cúpula.
Arreola Vidal describe la situación actual como un hipódromo diseñado por la propia fuerza política. En este escenario, todos los aspirantes creen que tienen posibilidades reales de correr la carrera. Sin embargo, la realidad es que solo unos pocos pueden competir seriamente y un grupo muy reducido conoce la identidad del ganador antes de que inicie la justa.
El experto señala que este mecanismo permite al partido mantener la fachada de una contienda abierta. Los militantes y simpatizantes observan una actividad frenética donde múltiples figuras se postulan. Esta dinámica genera la ilusión de pluralidad y debate interno, elementos que históricamente caracterizaban a los movimientos de izquierda en México.
No obstante, la ficción se sostiene sobre una base de control absoluto. La metáfora del herrar caballos implica que la preparación y el destino de los contendientes no dependen de su mérito o de la votación, sino de la voluntad de quienes manejan las riendas. El proceso se ha convertido en un espectáculo donde la participación es obligada pero la decisión es unilateral.
La crítica se centra en la distancia entre el discurso de la Cuarta Transformación y la práctica política real. Mientras se predica la austeridad y la rendición de cuentas, internamente se operan con reglas opacas. Este tipo de gestión interna debilita la cohesión del partido y fomenta la desilusión entre los sectores más comprometidos con la ideología fundacional.
El análisis de Arreola Vidal pone en evidencia la tensión entre el ideal de democracia participativa y la realidad de la concentración de poder. El hipódromo morenista no busca elegir al mejor, sino validar al predeterminado. Este modelo de selección condiciona el futuro electoral y la capacidad del partido para gobernar con legitimidad ante su propia base social.


