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Consumidores mexicanos rechazan carne de agostadero pese a su bajo costo

El sector ganadero advierte sobre una caída en la demanda de carne de agostadero, un producto que históricamente se ha mantenido como la opción más accesible para la población. Esta tendencia de rechazo se presenta a pesar de que los precios de este corte siguen siendo significativamente más bajos que los de la carne de confinamiento. La industria señala que los hábitos de compra están cambiando, lo que genera una presión directa sobre los productores que dependen de este modelo de producción extensivo.

La carne de agostadero se caracteriza por ser producida en condiciones de pastoreo, lo que la distingue de la carne de confinamiento, la cual es alimentada con granos y concentrados que aceleran su crecimiento. Tradicionalmente, esta carne de pasto ha sido el pilar de la oferta cárnea para la población de menores ingresos, debido a que su costo final es inferior al de la carne de corral. Sin embargo, el mercado actual muestra una paradoja: aunque el precio sigue siendo competitivo, los compradores están optando por otras alternativas o reduciendo su consumo.

Los productores argumentan que la percepción del consumidor ha evolucionado. Actualmente, muchos compradores asocian la carne de agostadero con una calidad inferior o un sabor diferente, favoreciendo la carne de confinamiento por su mayor jugosidad y uniformidad en el corte. Este cambio en las preferencias ha obligado a los ganaderos a replantear sus estrategias de venta, ya que la simple ventaja económica ya no es suficiente para garantizar la colocación de su producto en los mercados mayoristas y minoristas.

La situación impacta directamente a los pequeños y medianos ganaderos, quienes son los principales proveedores de carne de agostadero. Al no poder vender sus reses al precio esperado, estos productores enfrentan márgenes de ganancia reducidos o incluso pérdidas. La falta de demanda no solo afecta a las haciendas, sino que también se traslada a la cadena de suministro, incluyendo a los transportistas, mataderos y distribuidores que dependen del flujo constante de este tipo de carne para mantener la operación activa.

El rechazo del consumidor a la carne de agostadero, incluso con precios bajos, plantea un reto estructural para el sector pecuario mexicano. Las autoridades y gremios ganaderos deberán evaluar las causas de este cambio de hábito para determinar si es necesario fortalecer la promoción de las virtudes nutricionales de la carne de pasto o si el mercado se está polarizando hacia la carne de confinamiento. La estabilidad económica del ganadero depende de revertir esta tendencia de baja demanda.

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