Miguel Díaz-Canel, presidente de la República de Cuba, calificó como terrorismo de Estado y plan genocida la política de presión económica que ejerce el gobierno de Estados Unidos contra la isla. La declaración se realizó en el marco del aniversario de los atentados del 11 de septiembre. El mandatario cubano advirtió que rendir a un pueblo por hambre constituye una forma de terrorismo.
El jefe de Estado cubano sostuvo que las medidas de asfixia económica aplicadas por Washington no buscan únicamente debilitar al gobierno, sino castigar directamente a la población civil. Según su análisis, esta estrategia busca generar sufrimiento masivo para forzar ceder ante las exigencias políticas de la administración estadounidense. Díaz-Canel afirmó que el uso del hambre como arma de guerra es una práctica que define la naturaleza terrorista de la política exterior norteamericana hacia la isla.
La acusación se enmarca en el contexto del aniversario de los atentados del 11 de septiembre, fecha que Estados Unidos conmemora como un día de luto nacional. Al vincular esta efeméride con su crítica actual, el presidente cubano establece un paralelo moral entre los actos de violencia terrorista y las consecuencias humanitarias derivadas del bloqueo económico. Esta retórica busca posicionar a Cuba como víctima de una agresión sistemática que ignora las normas del derecho internacional humanitario.
Para el gobierno cubano, la presión económica representa un obstáculo principal para la recuperación de los servicios básicos y la distribución de alimentos. La declaración reafirma la postura oficial de La Habana, que lleva décadas atribuyendo las dificultades materiales del país a la política de sanciones del vecino del norte. Díaz-Canel insistió en que la terminología correcta para describir estas acciones no es la de sanciones, sino la de genocidio, dado el impacto directo en la supervivencia de los ciudadanos.
La declaración de Miguel Díaz-Canel reaviva la disputa diplomática entre ambos gobiernos y busca movilizar el apoyo internacional mediante la narrativa de víctima de agresión. El presidente cubano dejó claro que su administración no considerará negociaciones mientras persista esta política de asfixia económica. La calificación de terrorismo de Estado eleva el tono del conflicto y posiciona la crisis humanitaria cubana como un tema central en la agenda política bilateral.


