La terminal aduanera vuelve a operar con saturación extrema tras la incorporación de un turno adicional de 24 horas de trabajo continuo. Este cambio operativo ha convertido el acceso en un cuello de botella que afecta severamente la fluididad del tráfico. Los usuarios reportan demoras significativas que obligan a los conductores a permanecer varados en largas filas durante la jornada completa.
La implementación de la jornada extendida ha alterado la dinámica habitual de la frontera, provocando que los vehículos se acumulen de manera incontrolada en los accesos principales. Lo que antes era un flujo intermitente se ha transformado en una congestión constante, donde los tiempos de espera se han duplicado respecto a los periodos previos a la modificación del horario. Esta situación describen los transportistas como un embudo que impide el desplazamiento normal y aumenta la presión sobre la infraestructura vial existente.
El impacto se refleja en la aglomeración de camiones de carga y vehículos particulares que compiten por los mismos carriles de revisión. La falta de capacidad para absorber el volumen de unidades que ingresan de manera continua genera una retroalimentación negativa en el tráfico circundante. Los conductores enfrentan inmovilidad prolongada, lo que no solo retrasa la entrega de mercancías, sino que también incrementa los costos operativos asociados a la espera y al consumo de combustible en punto muerto.
La percepción de la ciudadanía y los operadores logísticos es de frustración ante la repetición de este escenario. La adición de las 24 horas de operación parece haber sobrecargado los sistemas de control y revisión, más que haber optimizado el paso fronterizo. Los testimonios indican que la saturación no es puntual, sino una condición permanente mientras dure el nuevo esquema de trabajo, lo que convierte la travesía en una experiencia agotadora y predeciblemente lenta para todos los involucrados.
La situación evidencia una discrepancia entre la capacidad de procesamiento del personal aduanero y el flujo real de vehículos que ingresan a la zona. Al extender el horario sin una expansión proporcional de los recursos humanos o tecnológicos, el resultado es una ineficiencia sistémica. El embudo se mantiene activo por falta de alternativas de desvío o de mecanismos de gestión de demanda que permitan regular la entrada de unidades y evitar la acumulación masiva en los puntos de control.
La aduana se mantiene en un estado de saturación crónica debido a la jornada de 24 horas que convierte el paso fronterizo en un obstáculo vial permanente. Sin la implementación de medidas correctivas inmediatas que equilibren la capacidad de revisión con el volumen de tráfico, la espera se consolidará como la norma operativa, deteriorando la eficiencia logística y la experiencia de los usuarios que transitan por la zona.


