En el marco del mes de septiembre, Gustavo García Salazar exhortó a la población a trascender la simple rememoración de los sismos de 1985 y 2017. El especialista señaló que la sociedad mexicana debe estar plenamente preparada para enfrentar cualquier emergencia. Esta llamada de atención busca transformar la memoria histórica en acciones concretas de protección civil.
Cada año, el mes de septiembre activa el discurso público sobre los riesgos sísmicos en México. Las imágenes de las tragedias de 1985 y 2017 regresan con fuerza a la memoria colectiva, recordando a los habitantes que una emergencia puede alterar drásticamente la vida cotidiana. Este ciclo de reflexión es fundamental para mantener la alerta social frente a la realidad geológica del país.
Gustavo García Salazar advirtió que recordar los eventos pasados no es suficiente para garantizar la seguridad de la población. Expresó que es imperativo que los ciudadanos estén preparados ante la posibilidad de una nueva emergencia. La preparación implica conocer las rutas de evacuación, ubicar los puntos de reunión y mantener a mano un kit de emergencia.
La experiencia acumulada desde el sismo de 1985 hasta el de 2017 ha dejado lecciones valiosas sobre la vulnerabilidad de las infraestructuras y la importancia de la respuesta rápida. Sin embargo, el especialista enfatizó que la actitud pasiva ante la memoria histórica no previene desastres. Se requiere una cultura de prevención activa que involucre a todos los sectores sociales, desde el ámbito doméstico hasta el institucional.
La preparación ante sismos no se limita a los simulacros obligatorios, sino que debe integrarse en la rutina diaria de las familias. Identificar los riesgos en el hogar y en el lugar de trabajo es parte esencial de esta estrategia de protección. La colaboración entre las autoridades y la ciudadanía es clave para reducir el impacto de cualquier fenómeno natural que se presente.
La exhortación de Gustavo García Salazar resalta la urgencia de convertir la conciencia histórica en capacidades reales de respuesta. La sociedad mexicana debe asumir la preparación como una responsabilidad compartida para mitigar los efectos de futuras emergencias. El objetivo final es proteger la vida y los bienes mediante la planificación y la acción preventiva constante.


