Llevan al cine la labor humanitaria de una familia con su ambulancia

Las vicisitudes por las que pasa una familia en su humanitaria labor de prestar auxilio a heridos y desvalidos se ponen de manifiesto en el laureado documental Familia de medianoche, que a partir del viernes se exhibirá en 85 salas.

En la Ciudad de México operan menos de 45 ambulancias de emergencia para una población mayor a nueve millones, lo que ha generado una industria privada de esas unidades con fines de lucro, muchas veces dirigidas por gente sin capacitación. Una excepción es la familia Ochoa, que lucha por evitar que sus necesidades financieras pongan en riesgo a las personas.

Los Ochoa, con su vehículo particular, se vuelven elemento crucial para la supervivencia de muchos capitalinos. Los filmé por el interés humano que tiene la historia, contó a La Jornada el realizador estadunidense Luke Lorentzen.

El director, quien llevado por la curiosidad de la labor de las ambulancias que hacían o, bien, aún hacen base frente a su casa en la colonia Roma, se decidió a investigar el trabajo realizado por los paramédicos a bordo.

Afirmó que el proyecto se lo encontró. Estaba en la Ciudad de México para realizar otro trabajo, pero frente a la casa donde vivía descubrió a la familia Ochoa con su ambulancia. Aseguró: siempre busco historias y pregunté si podía subirme a la unidad con ellos.

De manera ágil, sin restar detalles a lo dramático que pueda resultar el trabajo, el documental narra de alguna manera la versión actual de lo que hace décadas fue la pugna por lesionados entre las dos cruces que atendían este rubro en la capital: la Roja y la Verde.

El director señaló que con la cinta quería demostrar cómo una buena familia que no está metida en el sistema corrupto poco a poco es absorbida por él.

Auxilio sin ánimo de lucro

Un hecho excepcional en este concurso de celeridad es el caso de la familia Ochoa, la que lleva el papel principal en el trabajo de Lorentzen. Realiza su labor de auxilio sin ánimo de lucro; lo hace por convicción y está preparada profesionalmente para ello.

A lo largo de tres años y en 90 sesiones de trabajo, principalmente nocturno, Lorentzen se adentró en el submundo de las emergencias con todo lo funesto que hay en ello. Convivió a tal grado que, de broma, aseveró que su nombre es ya Ochoa. Departió con la familia desde su casa, en la colonia de los Doctores, cerca del Hospital General, hasta ahora en su nueva morada. Vio el crecimiento de la empresa, de una desvencijada unidad hasta ahora en que tienen cuatro ambulancias.

Lorentzen comenzó con sus inquietudes fílmicas a los 10 años de edad, ahora tiene 27 y es graduado de la Universidad de Stanford. Ha grabado desde reuniones familiares hasta esta cinta que lleva ya tres premios de primordial importancia: Mezcal, del Festival Internacional de Cine de Guadalajara; la selección del jurado del Sundance Festival y otro reconocimiento del Guanajuato International Film Festival. Todos del año pasado.

Durante tres años, Lorentzen cargó cámara y anduvo a la caza de lesionados principalmente en compañía de Alexis Ochoa y su padre, Fernando. Encaró la corrupción policiaca y la muchas veces poca capacitación de los paramédicos carentes de un certificado.

Nosotros sí somos profesionales de la salud, atajó Alexis, quien se precia de que su familia cumple con las normativas de los dictámenes. Todos estamos acreditados, no nada más actuamos por experiencia.

La combinación de una mirada extranjera con un equipo técnico mexicano da al documental cierta frescura, señaló Diana Alatorre, una de las productoras junto con Elena Fortes, de No Ficción, que, con Hedgehog Films, se encargó de la realización.

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